"Cuando estaba vivo, y tenía un corazón de hombre no sabía lo que eran las lágrimas, porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el cual no está permitida la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el Gran Salón. Alrededor del jardín se alzaba una tapia altísima, pero nunca me preocupé por preguntar lo que se encontraba tras ella, pues todo lo que me rodeaba era tan bello. Mis cortesanos me llamaban El Príncipe Feliz, y en realidad lo era, si es que el placer es la felicidad. Así viví, y así morí. Y ahora que estoy muerto me han elevado tanto que puedo ver toda la fealdad y toda la miseria de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más remedio que llorar."
Oscar Wilde, El príncipe felíz
Cuánto habrá que esperar para que los príncipes dejen de vivir atrás de la muralla sin interesarse de lo que hay al otro lado? Ojalá que, con sus corazones de plomo y todo, logren ver toda la injusticia y antes de ser reducidos a estatuas, hagan algo para cambiarlo y ser recordados por algo más de peso que su vana felicidad...
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